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  Boletín de Capellanía de la Mutualista Hospital Evangélico
Montevideo - Uruguay / Editado por Capellanía
Diciembre de 2006 Nº 118

 

“Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran” Romanos 12:15


LA LUZ

 

Todo está en silencio en este amplio Hospital. La frescura de la tardecita entra con su suave soplo por las ventanas altas y la luz tenue del atardecer le da a todo un reflejo especial. La Dra. Maria Greimer pasa por el pasillo del primer piso, por la parte de cirugía. Su delgada cara tiene una expresión seria, cerrada. Hay pacientes que la temen por su carácter reservado y firme, aunque es de conocimiento común que se sacrifica por sus pacientes.

Ahora la Doctora pasa por una puerta doble, a través de la cual se puede vislumbrar varias camas de hospital. "El niño", murmura con un suspiro. En su cara se nota que está pensativa. "¡Quién podía saber, que este niño tan callado y paciente de repente tuviera problemas." Hace tres semanas había ingresado en el Hospital con una grave herida en la cabeza, causada por un accidente de transito. La operación había salido mejor de lo esperado, pero aun así el niño estaba allí acostado, sin dar señal de conciencia, como si no estaría dispuesto de volver a la vida. El vendaje ancho solo dejaba ver la nariz y la boca con su color rosado pálido.

Estaba sumida en sus pensamientos, cuando un suave movimiento la vuelve a la realidad. Se vuelve para ver, y allí aparece Elizabet, la joven enfermera. Sorprendida, la Doctora le mira, ¿porqué trae una vela encendida en sus manos? "Para el niño" le dice Elizabet sonriendo. "Pero, si el niño no puede ver" responde la Doctora meneando la cabeza. "¿Qué importa?" comenta Elizabet con confianza. "Igualmente se alegrará, porque sabe que la luz está allí." "Ahhhh.." dice la Doctora, permitiendo que suene burlesco e irónico. Elizabet parece no darse cuenta.

El entrar en la sala del niño se le acerca cantando uno de los viejos cantos de navidad, que anuncia el nacimiento de Jesús. Al llegar a la cama del niño queda parada. Los demás enfermos han levantado sus cabezas con atención y observan. En ese momento se escucha una voz suave que pregunta: "¿Alguien me viene a ver?" Elizabeth le responde con un "si", se arrodilla al lado de la cama del niño, toma las manos debilitadas del mismo y las pone alrededor de la vela. Por un momento todo está en silencio. También la Doctora, que observa desde la puerta se siente tocada. De repente se rompe el silencio y la voz sorprendida y contenta se escucha: "Una luz, Una verdadera Luz!" Las manos del niño tiemblan con alegre nerviosismo. Elizabet tiene que ayudarle con cautela. El niño es todo admiración. Y nuevamente se escucha la voz feliz: "Conozco un verso de la luz, ¿se lo digo?" Elizabet hace un gesto afirmativo con la cabeza, olvidando que el niño no puede ver, pero parece que igualmente lo está captando. Con claridad y entendible para todos los presentes comienza a hablar con devoción:

"De luz eterna, el rayo penetra
un nuevo brillo al mundo da
en medio de esta oscuridad alumbra,
en hijos de Luz nos transformará."

Todo queda en silencio. La luz brilla en las manos del niño. Los ojos de todos reflejan un brillo especial, concientes del milagro ocurrido, entre ellos también está la Doctora María Greimer.

De un periódico alemán de Brasil

 

Qué cada uno de nosotros pueda dar a los que sufren aquello que Dios nos regala para así enriquecer a muchos (2Corintios 1:3-4).

 


Los momentos de reflexión en la Capilla del Hospital Evangélico
en 1º Piso se realizan los días Martes a las 8hs,
Miércoles a las 16:30hs y el Domingo a las 16:30hs


 

LA FE QUE MUEVE MONTAÑAS

La fe tiene que ver con relaciones. En una relación cada persona deposita fe en el otro. En nuestra relación con Dios también es así. Dios ha depositado mucha confianza en los seres humanos al darles la administración de su creación. Ahora nos invita, a que también depositemos nuestra fe en Él. Cuando una persona deposita su fe en Dios, éste a su vez deposita más fe en sus hijos para tareas especiales y les da dones.

En una oportunidad Jesús le dijo a sus discípulos: "Porque de cierto os digo, que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho" (Marcos 11:23). De este pasaje surge la expresión "Fe que mueve montañas".

La gran pregunta es: "¿En qué consiste esta fe que mueve las montañas?" ¿Será el autoconvencimiento de que algo va a acontecer? ¿Será la negativa a toda duda o pregunta? ¿Se podrá lograr o adquirir esta fe de alguna manera?

Hay varios pasajes donde la Biblia habla de "Fe de Dios" (Gálatas 1:16,2:20). De manera que la Biblia está hablando de fe en Dios y de fe de Dios (). Claro, una fe es la que nosotros ponemos en Dios, y otra es la que Dios pone en nosotros, o sea, la que recibimos como un don y fruto del Espíritu (1Corintios 12:8-9; Gálatas 5:22-23). Cuando habla de fe de Dios, no está hablando de la fe que podemos producir nosotros por nuestro propio esfuerzo, sino la fe que es un regalo de Dios a nosotros.

Esto nos muestra que la fe, que mueve montañas, no depende de nuestro deseo o esfuerzo, sino de la voluntad de Dios, aunque evidentemente también es algo, por lo cual se puede pedir en oración. Cuando Jesús caminó sobre el agua (Mateo 14:22-33) y llegó junto a la barca de los discípulos, Pedro le pidió que le diga para poder caminar sobre el agua hacia él. Después que Jesús le dijo: "Ven", Pedro salió de la barca y caminaba sobre el agua hacia Jesús. Pedro tenía fe que podría caminar sobre el agua, porque ya había aprendido una lección importante, de que el milagro recién se producía cuando Jesús daba su Palabra, su "si".

En nuestras vidas pasa algo parecido. Un tema es nuestra fe en que Dios puede hacer el milagro, otra cosa es que Dios dé la palabra, su "Si", para que el milagro ocurra. Cuando Dios da su Palabra, él pone en nosotros una seguridad plena (Hebreos 11:1) y el milagro acontece. Esta es la fe de Dios, de la cual se habla en los pasajes mencionados.

A veces tenemos que purificarnos a través de la confesión a Dios, la oración y el ayuno, para que seamos receptivos a este regalo de fe que Dios tiene para nosotros. Otras veces Dios pide de alguien pronunciar la palabra de fe, pero la confirmación de Dios para el milagro pedido es la fe de Dios, que Dios nos da como un regalo. Ésta es la fe que mueve montañas.

Al entender esta diferencia importante, ya no tenemos que producir la fe, sino tenemos que estar abiertos a recibirla, buscarla, pedirla, o también a aceptar el silencio o el "no" de Dios. El milagro ocurre cuando Dios da o deposita su fe en alguien. Así podemos descansar en el Señor Jesucristo, sabiendo que Él dará su Palabra en el momento oportuno. Nosotros únicamente debemos estar alertas para hacer nuestra parte.

Por eso, deposite su fe en Dios y espere en Él, porque Él le ama, y tiene intenciones buenas para Usted. Cuando le pide un milagro a Dios, sepa, que Él esta más interesado en la victoria de sus discípulos, que cualquier otro. Purifíquese de todo mal, para que pueda estar preparado para recibir lo que Dios tiene para Usted.

¿Ya ha experimentado alguna vez la Fe que mueve montañas?
HW

 


Si desea nuestra presencia o tiene alguna pregunta o inquietud,
no dude en solicitarla al Tel: 487 23 19 Interno 172,
o al Mail: capellania@hospitalevangelico.com


 

 


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