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Boletín de Capellanía /
Febrero 2009 Nº128.
Editado
por Capellanía
“Gozaos
con los que se gozan, llorad con los que lloran”
Romanos 12:15
El Collar de Turquesas
Detrás del mostrador
el hombre miraba distraídamente hacia la calle mientras una
pequeña niña se aproximaba al local.
Ella aplastó su naricita contra el vidrio de
la vidriera espectacular y de pronto sus ojos color miel
brillaron, viendo determinado objeto. Entró decididamente en
el local y pidió ver un hermoso collar azul
que le había llamado la atención y le dijo al
vendedor:
“Es para mi hermana. ¿Podría hacerme un lindo
paquete?”
El dueño del local, quien estaba a un lado,
miró a la chica con cierta desconfianza y con toda
tranquilidad le preguntó: “¿Cuánto dinero tienes, pequeña?”
Sin alterarse ni un instante, la niña sacó de
su bolsillo un atadito lleno de nudos, los cuales
delicadamente fue deshaciendo uno por uno.
Cuando terminó, colocó orgullosamente el
pañuelo sobre el mostrador y con inusitado aplomo, dijo:
“¿Esto alcanza, no?”
En el pañuelo solamente había unas cuantas
monedas…
Mirando al dueño con una tierna mirada que
expresaba una mezcla de ilusión y tristeza le dijo: “Sabe,
desde que nuestra madre murió, mi hermana me ha cuidado con
mucho cariño y la pobre nunca tiene tiempo para ella…Hoy es
su cumpleaños y estoy segura que ella estará feliz con este
collar, porque es justo del color de sus ojos…”
El empleado miraba al dueño sin saber qué
hacer o decir, pero éste sólo le sonrió a la niña, y se fue
a la trastienda, y personalmente lo envolvió en un
espectacular papel plateado e hizo un hermoso moño con una
cinta azul.
Ante el estupor del empleado, el dueño colocó
el hermoso paquete en una de las exclusivas bolsas de la
joyería y se lo entregó a la pequeña diciéndole: “Toma,
llévalo con cuidado.”
Ella se fue feliz saltando calle abajo.
Todavía no había terminado el día cuando una
joven de cabellos rubios y maravillosos ojos azules entró en
el negocio. Colocó sobre el mostrador el paquete desenvuelto
y preguntó: “¿Este collar fue comprado aquí?”
El empleado cortésmente le pidió que esperara
un momento y fue a llamar al dueño, quien de inmediato
regresó, y con la más respetuosa sonrisa le dijo: “Sí,
señorita, este collar es una de las piezas especiales de
nuestra colección exclusiva y en efecto, fue comprado aquí
esta mañana.”
“¿Cuánto costó?”
“Lamento no poder brindarle esa información,
señorita. Es nuestra política que el precio de cualquier
artículo siempre es un asunto confidencial entre la empresa
y el cliente.”
“…Pero mi hermana sólo tenía algunas monedas
que ha juntado haciendo muñecas de trapo con ropa vieja,
pues mi sueldo es demasiado modesto y apenas nos alcanza
para sobrevivir. Este collar ciertamente no es de fantasía,
y ella simplemente no tendría dinero suficiente para
pagarlo…!
El hombre tomó el estuche, rehizo el
envoltorio casi ceremoniosamente, y con mucho cariño colocó
de nuevo la cinta diciendo mientras se lo devolvía a la
joven: “Ella pagó el precio más alto que cualquier persona
puede pagar: Ella dio todo lo que tenía.”
El silencio llenó el local y las lágrimas
rodaron por el rostro de la joven, mientras sus manos
tomaban el paquete y salía de allí lentamente, abrazándolo
fuerte contra su pecho.
Albert Einstein dijo:
“Si un día tienes que elegir entre el mundo y el amor,
Recuerda: Si eliges el mundo quedarás sin amor, pero si
eliges el amor, con él conquistarás al mundo”
La Biblia: “Andad
en amor, como también él (Jesús) nos amó” Efesios 5:2
EMOCIONES SANAS
Una noche, después de un gran partido de
fútbol, Juan se despertó con un fuerte dolor en la pierna.
Tomó un calmante, pero al poco tiempo el dolor volvió. Tomó
un calmante más fuerte, pero cuando se fue su efecto, el
dolor estaba allí. No quería ir al médico y tomó calmantes
seguidos, pero al final el dolor estaba y la pierna se
hinchaba. Se decidió ir al médico, el cual hizo los estudios
correspondientes y encontró el problema. Le dio un
tratamiento y quietud, y al poco tiempo la pierna se
deshinchó y el dolor se fue. Después del tiempo indicado,
Juan fue de nuevo al médico y los estudios mostraron que
estaba curado, el dolor había desaparecido.
El dolor es el síntoma de algo. Se puede
apagar el dolor, pero no por eso se sana la causa. Al
contrario, cuando se sana la causa, desaparece el síntoma y
da lugar al bienestar. Hay medicamentos que traen una
sensación de bienestar, la cual termina tan pronto como la
actuación del medicamento. Sin embargo, debemos asegurarnos
la causa del mismo haya remitido.
Así las emociones son síntomas de algo más
profundo y expresión de vivencias internas a veces remotas.
Muchas personas sufren de una inundación de
emociones por no sanar las causas de las mismas, como son la
culpa, el miedo, la soledad, la frustración, la amargura, el
odio, el rencor...
Una manera de sobrevivir con una sobrecarga
de emociones es apagarla, mantenerla contenida, fuera de la
conciencia, sea por medio de medicamentos, de olvidos,
ignorando, o de otras maneras. Actúan entonces diferentes
mecanismos tratando de controlar la situación angustiante.
Algunas personas han apagado su vida
emocional de tal manera que están vacíos, secos
emocionalmente. Para cambiar esto tratan de lograr emociones
de manera artificial, en general mediante el uso de
sustancias psico-activas, sea por medio de bebidas,
remedios, diferentes tipos de drogas, etc. Pero pasa algo
muy parecido como con los que apagan sus dolores con
calmantes, después que pasa el efecto vuelve la sensación de
vacío y sequedad emocional y se necesita otra ayuda para
levantar las emociones. El problema es, que así no se
solucionan las causas de los problemas y puede ser que algún
día el vacío y la sequedad hacen crisis.
Jesús logró recorrer el camino de la vida,
aun pasando por sufrimientos, rechazos y desengaños
importantes, sin perder su sanidad emocional. Él conoce el
camino. Por eso Usted puede invitar a Jesús para guiarle en
el camino de la vida (Juan 1:12). Cuéntele a Jesús lo que
pasa, o sea, confiésele sus pecados y Él le perdonará (1Jn
1:9), le ayudará a perdonar y le mostrará el camino. Jesús
le enseñará y ayudará a solucionar y sanar esas cosas muy
profundas. Cuando el Espíritu de Dios obra en nuestras
vidas, llega el momento cuando comenzamos a desarrollar
consecuencias o “frutos” muy deseados, como son el amor y la
paz (Gálatas 5:22-23). Algunas personas logran arreglar esto
a solas con Dios (Mateo 6:6), otras personas les ayuda
hablar con alguien que entiende el tema (Santiago 5:14-16).
En cambio, si una persona hace cosas
contrarias a los principios de Dios, las consecuencias
también llegarán tarde o temprano.
Recuerde que las emociones son síntomas de
algo más profundo. Los problemas emocionales se sanan,
cuando se solucionan sus verdaderas causas. Emociones sanas
surgirán como una consecuencia de seguir a Jesús y a sus
enseñanzas. Por eso no se dedique solo a producir emociones
lindas en su vida, sino a vivir de manera tal que los
síntomas sean emociones sanas.
HW
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Tanto en el
Hospital Evangélico de Montevideo como
en el Hospital Evangélico en Colonia
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y se tienen
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