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Boletín de Capellanía /
Agosto 2009 Nº131.
Editado
por Capellanía
“Amarte
como me amo a mi mismo es buscar oirte como quisiera ser
escuchado al igual que comprenderte como quisiera ser
comprendido."
David Augsburger
LA
MAESTRA RODRIGUEZ
Su nombre era Srta.
Rodríguez. Mientras estuvo al frente de su clase de 5º
grado, el primer día de clase lo iniciaba diciendo a los
niños una mentira.
Como la mayor parte de los
profesores, ella miraba a sus alumnos y les decía que a
todos los quería por igual. Pero eso no era posible, porque
ahí en la primera fila, desparramado sobre su asiento,
estaba un niño llamado: Pepe Sánchez.
La Srta. Rodríguez había
observado a Pepe desde el año anterior y había notado que él
no jugaba muy bien con otros niños, su ropa estaba muy
descuidada y constantemente necesitaba darse un buen baño.
Pepe comenzaba a ser un tanto
desagradable. Llegó el momento en que la Srta. Rodríguez
disfrutaba al marcar los trabajos de Pepe con un plumón rojo
haciendo una gran X y colocando un cero muy llamativo en la
parte superior de sus tareas.
En la escuela donde la Srta.
Rodríguez enseñaba, se le requería revisar el historial de
cada niño. Ella dejó el expediente de Pepe para el final.
Cuando ella revisó su
expediente, se llevó una gran sorpresa. La Profesora de
primer grado había escrito: “Pepe es un niño muy brillante
con una sonrisa sin igual. Hace su trabajo de una manera
limpia y tiene muy buenos modales... es un placer tenerlo
cerca".
Su profesora de segundo grado
escribió: “Pepe es un excelente estudiante, se lleva muy
bien con sus compañeros, pero se nota preocupado porque su
madre tiene una enfermedad incurable y el ambiente en su
casa debe ser muy difícil".
La profesora de tercer grado
escribió: "Su madre ha muerto, ha sido muy duro para él. Él
trata de hacer su mejor esfuerzo, pero su padre no muestra
mucho interés y el ambiente en su casa le afectará pronto si
no se toman ciertas medidas".
Su profesora de cuarto grado
escribió: “Pepe se encuentra atrasado con respecto a sus
compañeros y no muestra mucho interés en la escuela. No
tiene muchos amigos y en ocasiones duerme en clase".
Ahora la Srta. Rodríguez se
había dado cuenta del problema y estaba apenada con ella
misma. Ella comenzó a sentirse peor cuando sus alumnos le
llevaron sus regalos de Navidad, envueltos con preciosos
moños y papel brillante, excepto el de Pepe. Su regalo
estaba mal envuelto con un papel amarillento que él había
tomado de una bolsa de papel.
A la Srta. Rodríguez le dio
pánico abrir ese regalo en medio de los otros presentes.
Algunos niños comenzaron a reír cuando ella encontró un
viejo brazalete y un frasco de perfume con sólo un cuarto de
su contenido.
Ella detuvo las burlas de los
niños al exclamar lo precioso que era el brazalete mientras
se lo probaba y se colocaba un poco del perfume en su
muñeca. Era el mejor regalo que le habían hecho los niños en
toda su vida profesional.
Pepe se quedó ese día al
final de la clase el tiempo suficiente para decir: “Srta.
Rodríguez, el día de hoy usted huele como solía oler mi
mamá".
Después de que el niño se fue
ella lloró por lo menos una hora...
Desde ese día, ella dejó
menos horas en enseñarles a los niños aritmética, a leer y a
escribir. En lugar de eso, comenzó a educar a los niños. La
Srta. Rodríguez puso atención especial en Pepe. Conforme
comenzó a trabajar con él, su cerebro comenzó a revivir.
Mientras más lo apoyaba, él respondía más rápido. Para el
final del ciclo escolar, Pepe se había convertido en uno de
los niños más aplicados de la clase y a pesar de su mentira,
de que quería a todos sus alumnos por igual, Pepe se
convirtió en uno de los “consentidos” de la maestra.
Un año después, ella encontró
una nota debajo de su puerta, era de Pepe, diciéndole que
ella había sido la mejor maestra que había tenido en toda su
vida. Seis años después por las mismas fechas, recibió otra
nota de Pepe, ahora escribía diciéndole que había terminado
la secundaria, siendo el tercero de su clase y ella seguía
siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.
Algunos años después, recibió
otra carta que decía que a pesar de que en ocasiones las
cosas fueron muy duras, se mantuvo en la Universidad y
pronto se graduaría con los más altos honores. Él le reiteró
a la Srta. Rodríguez que seguía siendo la mejor maestra que
había tenido en toda su vida y su favorita.
Cuatro años después recibió
otra carta. En esta ocasión le explicaba que después de que
concluyó su carrera, decidió viajar un poco. La carta le
explicaba que ella seguía siendo la mejor maestra que había
tenido y su favorita, pero ahora su nombre se había alargado
un poco, la carta estaba firmada por José Sánchez., Doctor
en Medicina.
La historia no termina aquí,
existe una carta más que leer, Pepe ahora decía que había
conocido a una chica con la cual iba a casarse. Explicaba
que su padre había muerto hacía un par de años y le
preguntaba a la Srta. Rodríguez si le gustaría ocupar en su
boda el lugar que usualmente es reservado para la madre del
novio, por supuesto la Srta. Rodríguez aceptó y adivina...
Ella llegó usando el viejo
brazalete y se aseguró de usar el perfume que Pepe recordaba
que usó su madre la última Navidad que pasaron juntos. Se
dieron un gran abrazo y el Dr. Sánchez le susurró al oído,
"Gracias Srta. Rodríguez por creer en mí. Muchas gracias por
hacerme sentir importante y mostrarme que yo puedo hacer la
diferencia".
La Srta. Rodríguez con
lágrimas en los ojos, tomó aire y dijo, “Pepe, te equivocas,
tú fuiste el que me enseñó a mí que yo puedo hacer la
diferencia. No sabía cómo educar hasta que te conocí".
"Los amigos son Ángeles que nos levantan sobre nuestros
pies, cuando nuestras alas tienen problemas para recordar
cómo volar".
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LAS LIMITACIONES DE PADRES,
FAMILIARES, MAESTROS, PROFESORES, AMIGOS
Puedo enseñarte muchas cosas,
pero no puedo obligarte a aprender.
Puedo dirigirte, pero no
responsabilizarme por lo que haces.
Puedo instruirte en lo malo y
lo bueno, pero no puedo decidir por ti.
Puedo darte amor, pero no
puedo obligarte a aceptarlo.
Puedo enseñarte a compartir,
pero no puedo forzarte a hacerlo.
Puedo hablarte del respeto,
pero no te puedo exigir que seas respetuoso.
Puedo aconsejarte sobre las
buenas amistades, pero no puedo escogértelas.
Puedo educarte acerca del
sexo, pero no puedo mantenerte puro.
Puedo platicarte acerca de la
vida, pero no puedo edificarte una reputación.
Puedo decirte que el licor es
peligroso, pero no puedo decir NO por ti.
Puedo advertirte acerca de
las drogas, pero no puedo evitar que las uses.
Puedo exhortarte a la
necesidad de tener metas altas, pero no puedo
alcanzarlas por ti.
Puedo enseñarte acerca de la
bondad, pero no puedo obligarte a ser bondadoso.
Puedo amonestarte en cuanto
al pecado, pero no puedo hacerte una persona moral.
Puedo explicarte cómo vivir,
pero no puedo darte vida con calidad eterna.
Puedes estar seguro de que me
he esforzado hasta el máximo por darte lo mejor de mi...
porque te AMO!!
Pero lo que hagas de tu vida,
dependerá de TÍ... aún cuando siempre esté junto a Ti, las
decisiones las tomarás TÚ. Le pido a Dios que te ilumine
para que tomes las correctas.
La vida es el regalo que Dios
nos hace.
La forma en que vivas TU
vida, es el regalo que te haces a TI, a Dios y a los que te
rodean.
Dios te dirá: Te di la
vida, no la voy a vivir por ti,
pero si me invitas, la viviré contigo
(Gálatas 2:20)
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