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Boletín de Capellanía /
Mayo 2010 Nº134.
Editado
por Capellanía
“Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran”
Romanos 12:15
EL ATEO EN LA CLASE
La vida es tan corta que debemos
aprovechar cada día para ser felices. El profesor John
Powell, de Loyola University de Chicago, escribe sobre Tommy,
un estudiante de su clase de Teología de la Fe.
Hace unos doce años atrás, yo estaba
de pie observando a mis estudiantes de la universidad
mientras entraban al salón para nuestra primera sesión de
Teología de la Fe.
Ése fue el primer día que vi a Tommy.
Tenía una larga cabellera rubia que le caía unos 15 cm. por
debajo de sus hombros. Como ese día no estaba preparado para
ello, se alteraron mis emociones y, de inmediato catalogué a
Tommy como “extraño... ¡Muy extraño!”
Tommy resultó ser el "ateo de la
clase" en mi curso de Teología de la Fe.
Objetaba todo, constantemente, sonriendo sarcásticamente
sobre la posibilidad de un Dios/Padre que nos ama
incondicionalmente.
Cuando al terminar el curso vino a
entregar su examen final, me preguntó en un tono algo
cínico:
“¿Cree usted que alguna vez encontraré a Dios?”
Inmediatamente decidí usar un poquito
de la técnica de la terapia de shock.
“¡No!”, le dije muy enfáticamente.
“¿Por qué no?”, me respondió, “yo
creía que ése era el producto que usted estaba vendiendo”.
Dejé que estuviese a unos cinco pasos
de la puerta del salón y alcé mi voz para decirle:
“¡Tommy! Creo que tú nunca encontrarás a Dios... Pero estoy
absolutamente seguro de que Él te encontrará a ti”.
Se encogió de hombros y salió de mi
clase y de mi vida.
Me quedé un tanto frustrado por el hecho de que no había
captado mi ingeniosa observación:
"¡Él te encontrará a ti!", al menos yo creía que había sido
ingeniosa...
Un tiempo después, me dio gusto
enterarme que Tommy se había graduado.
Luego me llegó una triste noticia,
supe que Tommy padecía de un cáncer terminal. Antes de que
yo pudiera salir a buscarlo, él vino a verme. Cuando entró
en mi oficina lucía demacrado y su larga cabellera había
desaparecido debido a la quimioterapia. Pero sus ojos
brillaban y su voz tenía una firmeza que no tenía antes.
“¡Tommy!, he pensado mucho en ti... oí
que estás enfermo”, le dije en un tono casual.
“¡Oh, si, muy enfermo!”, me respondió,
“tengo cáncer en ambos pulmones. Es cuestión de semanas”.
“Tom, ¿puedes contarme?”, le pregunté.
“Por supuesto, ¿qué quiere saber?”, me
contestó.
“¿Qué se siente tener solo 24 años y
estar muriendo?”, le dije.
“Bueno, podría ser peor”.
“¿Peor, cómo qué?”
“Bueno, como llegar a los cincuenta
años sin tener valores o ideales; o llegar a los cincuenta
creyendo que beber, seducir mujeres y hacer dinero es 'lo
máximo' de la vida”.
Antes había calificado a Tommy de
extraño...
Parece ser como si a todo aquel que yo
rechazara mediante mi propia calificación, Dios lo
devolviera a mi vida para que me educara.
“Pero por lo que en realidad vine a
verlo es por algo que usted me dijo el último día de
clases”. (¡Se acordó!)
Continuó diciendo: “Yo le pregunté si
usted creía que yo llegaría alguna vez a encontrar a Dios.
Usted me dijo que ¡No!, cosa que me sorprendió mucho.
Entonces usted dijo: 'Pero Él te
encontrará a ti'.
“Estuve pensando mucho en eso, aunque
no se puede decir que mi búsqueda era muy intensa en aquel
entonces.
Pero cuando los doctores extirparon el tumor que tenía en la
ingle y me dijeron que era maligno, fue cuando empecé a
buscar seriamente a Dios.
Y cuando el cáncer se ramificó, empecé a golpear
verdaderamente fuerte con mis puños las puertas del Cielo...
pero Dios no salió. De hecho, no pasó nada.
¿Ha tratado alguna vez de hacer algo, con mucho esfuerzo,
sin obtener ningún resultado? Uno se harta psicológicamente,
se aburre de tratar y tratar y tratar... y eventualmente,
uno deja de tratar”.
“Bueno, pues un día me desperté y en
lugar de estar lanzando mis reclamos inútiles por encima de
ese muro de ladrillos a un Dios que posiblemente no estaba
ahí, me rendí...
Decidí que en realidad no me importaba
Dios, ni una vida después de la muerte, ni nada que se le
pareciera. Decidí pasar el tiempo que me quedaba haciendo
algo más provechoso.
Pensé en usted y en su clase y recordé
otra cosa que usted nos había dicho: 'La mayor tristeza es
pasarse la vida sin amar. Pero sería igualmente triste pasar
por la vida e irse sin nunca haberle dicho a los que uno
ama, que los ama'.
Así que empecé por el más difícil, mi
padre. Él estaba leyendo el periódico cuando me acerqué.
‘Papá…'
‘¿Qué?’, preguntó sin quitar sus
ojos del periódico.
‘Papá, quisiera hablar contigo’.
‘Bueno, habla’.
‘Papá... es algo verdaderamente
importante’.
Bajó el periódico lentamente, ‘¿De qué
se trata?’
‘Papá, te amo. Sólo quería que lo
supieras’... (Tom me sonrió mientras me contaba con
satisfacción, como si sintiera un gozo cálido y secreto, que
fluía a través de su interior).
Entonces mi papá hizo dos cosas que no
recuerdo hubiese hecho antes:
Lloró y me abrazó. Estuvimos hablando toda la noche, aun
cuando él tenía que ir a trabajar al día siguiente.. Me
sentí tan bien de estar cerca de mi padre, de ver sus
lágrimas, de sentir su abrazo y de oírle decir que me amaba.
Fue más fácil con mi madre y con mi hermano menor. También
ellos lloraron conmigo y nos abrazamos y nos dijimos cosas
bonitas unos a otros. Compartimos las cosas que habíamos
guardado en secreto por tantos años. Sólo me arrepiento de
una cosa... ¡de haber esperado tanto tiempo!!!
Ahí estaba, comenzando a abrirme a
todas las personas que siempre habían estado tan cerca de
mí.Entonces, un día me volteé ¡y ahí estaba Dios! No vino a
mí cuando yo se lo rogaba. Me imagino que, entonces, yo me
comportaba como un entrenador de animales sujetando el aro
para que saltaran: ‘¡Vamos, salta! Te doy tres días, tres
semanas.' Por lo visto, Dios hace las cosas a Su manera y a
Su hora. Pero lo importante es que Él estaba ahí. ¡Me había
encontrado! Usted tenía razón, me encontró aún después de
que yo dejé de buscarlo.
“Tom”, le dije, casi sin aliento, “yo
creo que estás diciendo algo muy importante y más universal
de lo que tú te puedas imaginar. Al menos para mí, lo que
estás diciendo es que la forma más segura de encontrar a
Dios es la de no hacerlo una posesión particular, un
solucionador de problemas, un consuelo instantáneo en
tiempos de necesidad... sino ¡abrirse al amor!!! ¿Sabes?, el
apóstol Juan dijo eso, dijo: «Dios es Amor y quien permanece
en el amor permanece en Dios y Dios en él. “¿Podría pedirte
un favor?”, pregunté. “Fíjate, cuando te tenía en mi clase
eras una verdadera molestia, pero (riendo) ahora puedes
compensarme por todo... ¿Vendrías a mi curso de Teología de
la Fe y les contarías lo que acabas de contarme? Si yo se
los dijera, no tendría el mismo impacto que puede tener al
contárselo tú”.
“¡Oohh! Yo estaba listo para usted,
pero no sé si estoy listo para su clase”.
“Piénsalo, Tom, y si crees estar
listo, llámame”.
Tom me llamó a los pocos días y me
dijo que estaba listo para la clase, que quería hacerlo por
Dios y por mí. Así que agendamos la cita, pero Tom no pudo
llegar... Él tenía una cita mucho más importante que la mía
y mi clase.
Por supuesto que su vida no terminó
con la muerte, sólo cambió.Dio el gran salto de la fe a la
visión. Encontró una vida más hermosa que todo lo que ha
visto el ojo humano o que el oído humano haya escuchado o
que la mente del ser humano jamás haya imaginado.
Antes de morir él, hablamos una última
vez.
“No voy a poder llegar a su clase” me
dijo.
“Lo sé”, Tom.
“¿Les contará usted por mí? ¿Le
contará usted al mundo entero por mí?”
“Sí, Tom, les diré. Haré lo mejor que
pueda”.
Así que a todos ustedes que han tenido
la bondad de leer esta simple historia sobre el amor de
Dios, ¡gracias por su tiempo!
Y a ti, Tommy, en las brillantes y
verdes laderas del Cielo: se los dije lo mejor que pude...
DIOS ESTA SIEMPRE CON NOSOTROS
¡Compartamos con todos….. el
INMENSO AMOR DE DIOS!!!
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