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Boletín de
Junio 2011
Nº 137

 

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   Boletín de Capellanía  / Mayo 2010  Nº134.
  
  Editado
por Capellanía   


 

“Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran”

Romanos 12:15



EL ATEO EN LA CLASE

 

La vida es tan corta que debemos aprovechar cada día para ser felices. El profesor John Powell, de Loyola University de Chicago, escribe sobre Tommy, un estudiante de su clase de Teología de la Fe.

Hace unos doce años atrás, yo estaba de pie observando a mis estudiantes de la universidad mientras entraban al salón para nuestra primera sesión de Teología de la Fe.

Ése fue el primer día que vi a Tommy. Tenía una larga cabellera rubia que le caía unos 15 cm. por debajo de sus hombros. Como ese día no estaba preparado para ello, se alteraron mis emociones y, de inmediato catalogué a Tommy como “extraño... ¡Muy extraño!”

Tommy resultó ser el "ateo de la clase" en mi curso de Teología de la Fe.
Objetaba todo, constantemente, sonriendo sarcásticamente sobre la posibilidad de un Dios/Padre que nos ama incondicionalmente.

Cuando al terminar el curso vino a entregar su examen final, me preguntó en un tono algo cínico:
“¿Cree usted que alguna vez encontraré a Dios?”

Inmediatamente decidí usar un poquito de la técnica de la terapia de shock.
“¡No!”, le dije muy enfáticamente.

“¿Por qué no?”, me respondió, “yo creía que ése era el producto que usted estaba vendiendo”.

Dejé que estuviese a unos cinco pasos de la puerta del salón y alcé mi voz para decirle:
“¡Tommy! Creo que tú nunca encontrarás a Dios... Pero estoy absolutamente seguro de que Él te encontrará a ti”.

Se encogió de hombros y salió de mi clase y de mi vida.
Me quedé un tanto frustrado por el hecho de que no había captado mi ingeniosa observación:
"¡Él te encontrará a ti!", al menos yo creía que había sido ingeniosa...

Un tiempo después, me dio gusto enterarme que Tommy se había graduado.

Luego me llegó una triste noticia, supe que Tommy padecía de un cáncer terminal. Antes de que yo pudiera salir a buscarlo, él vino a verme. Cuando entró en mi oficina lucía demacrado y su larga cabellera había desaparecido debido a la quimioterapia. Pero sus ojos brillaban y su voz tenía una firmeza que no tenía antes.

“¡Tommy!, he pensado mucho en ti... oí que estás enfermo”, le dije en un tono casual.

“¡Oh, si, muy enfermo!”, me respondió, “tengo cáncer en ambos pulmones. Es cuestión de semanas”.

“Tom, ¿puedes contarme?”, le pregunté.

“Por supuesto, ¿qué quiere saber?”, me contestó.

“¿Qué se siente tener solo 24 años y estar muriendo?”, le dije.

“Bueno, podría ser peor”.

“¿Peor, cómo qué?”

“Bueno, como llegar a los cincuenta años sin tener valores o ideales; o llegar a los cincuenta creyendo que beber, seducir mujeres y hacer dinero es 'lo máximo' de la vida”.

Antes había calificado a Tommy de extraño...

Parece ser como si a todo aquel que yo rechazara mediante mi propia calificación, Dios lo devolviera a mi vida para que me educara.

“Pero por lo que en realidad vine a verlo es por algo que usted me dijo el último día de clases”. (¡Se acordó!)

Continuó diciendo: “Yo le pregunté si usted creía que yo llegaría alguna vez a encontrar a Dios. Usted me dijo que ¡No!, cosa que me sorprendió mucho.

Entonces usted dijo: 'Pero Él te encontrará a ti'.

“Estuve pensando mucho en eso, aunque no se puede decir que mi búsqueda era muy intensa en aquel entonces.
Pero cuando los doctores extirparon el tumor que tenía en la ingle y me dijeron que era maligno, fue cuando empecé a buscar seriamente a Dios.
Y cuando el cáncer se ramificó, empecé a golpear verdaderamente fuerte con mis puños las puertas del Cielo... pero Dios no salió. De hecho, no pasó nada.
¿Ha tratado alguna vez de hacer algo, con mucho esfuerzo, sin obtener ningún resultado? Uno se harta psicológicamente, se aburre de tratar y tratar y tratar... y eventualmente, uno deja de tratar”.

“Bueno, pues un día me desperté y en lugar de estar lanzando mis reclamos inútiles por encima de ese muro de ladrillos a un Dios que posiblemente no estaba ahí, me rendí...

Decidí que en realidad no me importaba Dios, ni una vida después de la muerte, ni nada que se le pareciera. Decidí pasar el tiempo que me quedaba haciendo algo más provechoso.

Pensé en usted y en su clase y recordé otra cosa que usted nos había dicho: 'La mayor tristeza es pasarse la vida sin amar. Pero sería igualmente triste pasar por la vida e irse sin nunca haberle dicho a los que uno ama, que los ama'.

Así que empecé por el más difícil, mi padre. Él estaba leyendo el periódico cuando me acerqué.

‘Papá…'

 ‘¿Qué?’, preguntó sin quitar sus ojos del periódico.

‘Papá, quisiera hablar contigo’.

‘Bueno, habla’.

‘Papá... es algo verdaderamente importante’.

Bajó el periódico lentamente, ‘¿De qué se trata?’

‘Papá, te amo. Sólo quería que lo supieras’... (Tom me sonrió mientras me contaba con satisfacción, como si sintiera un gozo cálido y secreto, que fluía a través de su interior).

Entonces mi papá hizo dos cosas que no recuerdo hubiese hecho antes:
Lloró y me abrazó. Estuvimos hablando toda la noche, aun cuando él tenía que ir a trabajar al día siguiente.. Me sentí tan bien de estar cerca de mi padre, de ver sus lágrimas, de sentir su abrazo y de oírle decir que me amaba. Fue más fácil con mi madre y con mi hermano menor. También ellos lloraron conmigo y nos abrazamos y nos dijimos cosas bonitas unos a otros. Compartimos las cosas que habíamos guardado en secreto por tantos años. Sólo me arrepiento de una cosa... ¡de haber esperado tanto tiempo!!!

Ahí estaba, comenzando a abrirme a todas las personas que siempre habían estado tan cerca de mí.Entonces, un día me volteé ¡y ahí estaba Dios! No vino a mí cuando yo se lo rogaba. Me imagino que, entonces, yo me comportaba como un entrenador de animales sujetando el aro para que saltaran: ‘¡Vamos, salta! Te doy tres días, tres semanas.' Por lo visto, Dios hace las cosas a Su manera y a Su hora. Pero lo importante es que Él estaba ahí. ¡Me había encontrado! Usted tenía razón, me encontró aún después de que yo dejé de buscarlo.

“Tom”, le dije, casi sin aliento, “yo creo que estás diciendo algo muy importante y más universal de lo que tú te puedas imaginar. Al menos para mí, lo que estás diciendo es que la forma más segura de encontrar a Dios es la de no hacerlo una posesión particular, un solucionador de problemas, un consuelo instantáneo en tiempos de necesidad... sino ¡abrirse al amor!!! ¿Sabes?, el apóstol Juan dijo eso, dijo: «Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él. “¿Podría pedirte un favor?”, pregunté. “Fíjate, cuando te tenía en mi clase eras una verdadera molestia, pero (riendo) ahora puedes compensarme por todo... ¿Vendrías a mi curso de Teología de la Fe y les contarías lo que acabas de contarme? Si yo se los dijera, no tendría el mismo impacto que puede tener al contárselo tú”.

“¡Oohh! Yo estaba listo para usted, pero no sé si estoy listo para su clase”.

“Piénsalo, Tom, y si crees estar listo, llámame”.

Tom me llamó a los pocos días y me dijo que estaba listo para la clase, que quería hacerlo por Dios y por mí. Así que agendamos la cita, pero Tom no pudo llegar... Él tenía una cita mucho más importante que la mía y mi clase.

Por supuesto que su vida no terminó con la muerte, sólo cambió.Dio el gran salto de la fe a la visión. Encontró una vida más hermosa que todo lo que ha visto el ojo humano o que el oído humano haya escuchado o que la mente del ser humano jamás haya imaginado.

Antes de morir él, hablamos una última vez.

“No voy a poder llegar a su clase” me dijo.

“Lo sé”, Tom.

“¿Les contará usted por mí? ¿Le contará usted al mundo entero por mí?”

“Sí, Tom, les diré. Haré lo mejor que pueda”.

Así que a todos ustedes que han tenido la bondad de leer esta simple historia sobre el amor de Dios, ¡gracias por su tiempo!

Y a ti, Tommy, en las brillantes y verdes laderas del Cielo: se los dije lo mejor que pude...

DIOS ESTA SIEMPRE CON NOSOTROS

¡Compartamos con todos….. el INMENSO AMOR DE DIOS!!!

 

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Aquél que pregunta es tonto durante cinco minutos.

Aquél que no pregunta es tonto siempre.

 

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