Boletines de capellania

“Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran”

Romanos 12:15


EL PRINCIPIO NARCISO

Mi hija me había telefoneado varias veces, para decirme: “Mamá, tienes que venir a ver los narcisos antes de que se acaben.” Yo deseaba ir, pero era un camino de dos horas desde Laguna hasta Lake Arrowhead. “Iré este martes”, le prometí con cierta renuencia, cuando llamó por tercera vez.

El martes amaneció frío y lluvioso. Sin embargo, se lo había prometido, y manejé hasta allá a regañadientes. Cuando finalmente entré a la casa de Carolina, los gozosos sonidos de niños felices me dieron la bienvenida. Encantada, abracé y saludé a mis nietos.

“¡Olvida los narcisos, Carolina! ¡El camino está invisible con estas nubes y esta niebla, y no hay nada en este mundo, excepto tú y estos pequeños, que yo desee ver tanto como para manejar una pulgada más!”

Mi hija sonrió calmadamente y dijo: “Nosotros manejamos en estas condiciones todo el tiempo, Mamá.” “Bueno”, le aseguré, “no me harás volver al camino sino hasta que aclare, y entonces ¡será para encaminarme a mi casa!”

“Pero, primero, vamos a ver los narcisos. Son solo unas pocas cuadras,” dijo Carolina. “Yo manejaré, estoy acostumbrada a esto”. “Carolina”, dije firmemente, “por favor.”

“No te preocupes, Mamá, todo está bien, te lo aseguro. Nunca te perdonarías haberte perdido esta experiencia.”

Después de unos veinte minutos, doblamos a un angosto camino de grava y vimos un pequeño templo. Al otro lado del templo, vi un letrero hecho a mano, con una flecha, que decía: “Jardín de Narcisos.” Salimos del carro, cada una tomó a un pequeño de la mano, y yo seguí a Carolina por el sendero. Entonces, al doblar una curva, miré y quedé boquiabierta. Delante de mí estaba la vista más gloriosa.

Parecía como si alguien hubiera tomado una enorme tina de oro y la hubiera derramado sobre la cumbre del monte y sus laderas. Las flores estaban plantadas en majestuosos diseños arremolinados, grandes fajas y tiras de un anaranjado intenso, blanco cremoso, amarillo cetrino, salmón rosa, azafranado y amarillo mantequilla. Cada variedad de diferente color estaba plantada en grandes grupos, de tal manera que se arremolinaban y ondulaban como un solo río, con su propio y único matiz. Había cinco acres de flores, unas dos hectáreas y media.

“¿Quién hizo esto?”, le pregunté a Carolina.

“Una mujer nada más”, me respondió Carolina. “Ella vive en este terreno. Esa es su casa.” Carolina señaló una casa bien cuidada con una estructura en A, pequeña y modestamente asentada en medio de toda esa gloria. Caminamos hasta la casa.

En el patio, vimos un letrero. “Respuestas a las Preguntas que Yo Sé que Estás Haciendo”, decía el encabezado. La primera respuesta era una sencilla: “50, 000 bulbos.” La segunda respuesta era: “Uno a la vez, por una mujer. Dos manos, dos pies y un cerebro.” La tercera respuesta era: “Comenzó en 1958.” 

Para mí, ese momento fue una “experiencia que cambia la vida”. Pensé en esta mujer a quien nunca había conocido, quien, hacía más de cuarenta años había empezado a traer, un bulbo cada vez, su visión de belleza y gozo a una obscura cima de un monte. Plantando un bulbo cada vez, año tras año, esta mujer desconocida había cambiado para siempre el mundo en que vivía. Un día cada vez, ella había creado algo de extraordinaria magnificencia, belleza e inspiración. El principio que su Jardín de Narcisos enseñó es uno de los grandes principios para celebrar.

Esto es, aprender a movernos hacia nuestras metas y deseos un paso a la vez – a menudo tan solo un paso de bebé cada vez- y aprender a amar el hacer, aprender a usar la acumulación de tiempo. Cuando multiplicamos minúsculos espacios de tiempo con pequeños incrementos de esfuerzo diario, encontraremos que podemos realizar cosas magníficas. Podemos cambiar el mundo…

“Me pone triste, en cierto modo”, admití a Carolina. “¿Qué hubiese yo logrado si hubiese pensado en una meta maravillosa hace unos treinta y cinco o cuarenta años, y hubiese trabajado esa meta ‘un bulbo cada vez’ a través de todos esos años? ¡Nada más piensa en lo que yo hubiera realizado!”

Mi hija resumió el mensaje del día en su manera directa usual: “Empieza mañana”, dijo.

Ella estaba en lo cierto. Es tan sin sentido pensar en las horas perdidas del ayer. La manera de hacer del aprendizaje una lección de fiesta en vez de una causa de pesar es preguntar nada más: “¿Cómo puedo usar esto hoy?” Usa el Principio Narciso.

No esperes…
Hasta que consigas un nuevo auto o casa.
Hasta que termines la escuela.
Hasta que limpies tu casa.
Hasta que organices tu cochera.
Hasta que limpies tu escritorio.
Hasta que bajes cinco kilos.
Hasta que te cases.
Hasta que te divorcies.
Hasta que tengas niños.
Hasta que los niños vayan a la escuela.
Hasta que tus hijos se vayan de la casa.
Hasta que te jubiles.
Hasta la primavera, el verano, el otoño, el invierno.
Hasta que mueras…

No hay mejor tiempo que ahora para ser feliz. La felicidad es un viaje, no un destino. Así, trabaja como si no necesitaras dinero. Ama como si nunca hubieras sido lastimado.

Navidad

Porque de tal manera amó Dios al mundo... (Juan 3:16) El amor de Dios lo impulsó a la acción, viendo la necesidad. Jesús amó a la humanidad, vio su necesidad y se entregó (Efesios 5:2). El amor de Jesús lo impulsó a la acción, a la entrega por nosotros.

El amor de Dios en ti te impulsa para ver la necesidad y para hacer algo.

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…

El amor de Dios soltó a su Hijo, lo entregó, le permitió ir, le dio su bendición y lo envió para la salvación de muchos.

Jesús mismo amó tanto a la humanidad, que fue a la tierra para transmitir este amor de manera concreta.

Dios nos llama para salir por amor y transmitir su amor de manera concreta.

Dios por amor a su Hijo y a la humanidad sobrellevó el dolor de dejar ir a su Hijo, para que lleve a cabo su tarea, que cumpla con su llamado. Para eso Dios tuvo que abandonar su propia tranquilidad, soltar, acompañar en el sufrimiento, y enviar a aquel, a quien prefería tenerlo a su lado, y darle la bendición.

Jefes, lideres y padres conocen a personas que tienen un llamado, una visión y siguiendo el ejemplo de Dios en la Navidad pueden enviar, acompañar, bendecir, a quienes preferirían tener a su lado, aunque para eso tengan que dejar su tranquilidad y tengan que acompañar en sufrimiento. Dios te invita a seguir su ejemplo.

Jesús abandonó su gloria, el servicio de miles de ángeles, la paz del cielo y la presencia directa de Dios para seguir al llamado percibido, para cumplir con su tarea de abrir el camino de Salvación para la humanidad y lograr el gozo esperado (Hebreos 12:2).

Muchos ven la necesidad, el amor los impulsa a la acción, perciben el llamado de Dios, responden y van, aunque signifique sacrificios. Ellos dejan la comodidad de su hogar, de amigos y van confiando en Dios y con la esperanza de la bendición de su familia, congregación y convención. Pero también incluye el sacrificio de los que quedan, ya que dejan ir a la persona querida a la misión a la que fue llamada y la acompañan con sus oraciones y posiblemente con su apoyo económico.

Jesús salió a lo inseguro, a un mundo de pobreza, un mundo de odio, se confió en manos de padres humanos, llegó a ser parte del pueblo a quien fue, se fue para toda su vida en la tierra. Le costó grandes sacrificios, pero fue fiel, terminó su tarea, cumplió con su llamado (Isaías 53:11-12).

¿Quién sigue a este ejemplo? (Juan 20:21) Navidad es el paso de amor de Dios hacia la misión en la tierra.

Navidad es el paso de Jesús de su misión en la tierra. Esto fue Navidad para Dios, Navidad también puede ser para Usted el llamado a una acción, el llamado para dejar ir, el llamado para enviar, el llamado de salir, el llamado hacia la acción de amor, el paso a lo inseguro por amor hacia los perdidos, el llamado de bendecir a los que van, el llamado para apoyar.

¿Qué es la Navidad para Usted?

   

Hospital Evangélico en Radio Trans Mundial

Todos los miércoles desde las 22:05 hasta las 22:15 hs. Radio Trans Mundial (CX 4 Radio Rural AM 610) transmite un programa de Hospital Evangélico.

Vale la pena escucharlo!

 

Central de atención

2487 2319

Emergencia

2487 3838

Reservas Telefónicas

2487 2319 Int-350

Médico de Radio

2487 5868 / 69