Boletines de capellania

“Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran”

Romanos 12:15


REFORMA: Lutero y su descubrimiento de la Biblia

En este mes de octubre celebramos 500 años de la Reforma, iniciada por Martín Lutero:

A pesar de su entrega y dedicación, Lutero no encontró la paz espiritual en la vida monástica. Por el contrario, su sensibilidad espiritual le conduciría por un camino muy diferente.

En 1512, Lutero se doctoró en teología y por aquella época ya contaba con un conocimiento nada despreciable de la Biblia.Porsupuesto, las Escrituras no estaban ausentes del mundo en el que había crecido Lutero, pero su influjo se encontraba muy mediatizado. La gente sencilla podía conocer historias de la Biblia gracias a una transmisión oral o a lo que podían contemplar en las imágenes pintadas o esculpidas de las iglesias. Quizá no ignoraban momentos esenciales de la vida de Jesús o de los personajes del Antiguo Testamento, pero a él se sumaba la proliferación de leyendas piadosas, no pocas de las cuales hoy nos provocarían una sonrisa.

Para Martín, sin embargo, el contacto con el texto sagrado empezó a proporcionarle una vía de salida a la angustia. Como señalaría años después, no había aprendido su teología “de golpe”, sino que había tenido que “buscar en profundidad” en los lugares a donde lo “llevaban las tentaciones”. La afirmación se corresponde, desde luego, con la realidad histórica. Como ha señalado J. Atkinson, Lutero formuló las preguntas correctas -¿cómo puedo salvarme siendo Dios justo y yo injusto?– y recibió las respuestas correctas.

La respuesta la encontró en la Biblia leyendo el inicio de la carta a los Romanos donde el apóstol Pablo afirma que “en el Evangelio, la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: mas el justo vivirá por la fe” (Romanos 1:17). Lutero captó que la justicia de Dios tenía una doble dimensión. Por un lado, se trataba de una cara que exigía que los hombres fueran justos y que anunciaba un juicio, pero, por otro, poseía también un rostro salvífico que actuaba en los seres humanos mediante la fe en Cristo.

El descubrimiento de esa doctrina provocó en Lutero un cambio esencial, una conversión, que recuerda por su conexión con la carta a los Romanos a la experimentada por Agustín de Hipona antes o por John Wesley después.

Este episodio, denominado convencionalmente como “Experiencia de la torre”, ya que se supone que tuvo lugar encontrándose en el citado lugar vino preparado por la búsqueda y el estudio de años, pero, muy posiblemente, fue como un resplandor repentino, como una iluminación inmediata, como un fogonazo que arrojó luz sobre toda su vida.

Según la descripción del propio Lutero, semejante experiencia lo liberó de la ansiedad, del temor y del pecado y lo llenó de paz y de sosiego, unas circunstancias comunes en las experiencias de conversión. Ignoramos con certeza cuando tuvo lugar la “experiencia de la torre”(...).

Desde luego, el gran paso dado por Lutero ser percibe con extraordinaria nitidez en la época -1515– en que enseñaba la epístola de Pablo a los romanos. Esta epístola es, en buena medida, un desarrollo de la dirigida a los Gálatas y, sin ningún género de dudas, el escrito más importante que saldría nunca de la pluma de Pablo. A diferencia de la mayoría de los textos paulinos, esta carta no pretendía responder a situaciones circunstanciales que se habían planteado en iglesias fundadas por él. Tampoco pretendía atender necesidades de carácter pastoral. Por el contrario, se dirigía a unos hermanos en la fe que sólo le conocían de oídas y a los que deseaba ofrecer un resumen sistemático de su predicación.

Como era común en el género epistolar de su época, Pablo comenzaba este escrito presentándose y haciendo referencia al afecto que sentía hacia los destinatarios de la carta (Romanos 1, 1-7) , para, acto seguido, indicar que su deseo era viajar hasta esa ciudad y poder compartir con los fieles algún don espiritual (Romanos 1:10-11). Ahora había llegado el momento “anunciar el evangelio también a vosotros que estáis en Roma”, un evangelio del que no se avergonzaba (Romanos 1:15-16).

¿En qué consistía ese Evangelio, esa buena noticia? Pablo lo expresa con obvia elocuencia: “el evangelio... es poder de Dios para salvación para todo aquel que cree; para el judío, en primer lugar, pero también para el griego. 17 Porque en él la justicia de Dios se manifiesta de fe en fe; como está escrito: pero el justo vivirá por la fe. (Romanos 1:16b-17).

El resumen de su predicación que realizaba Pablo al inicio de la carta no podía ser más claro. La justicia de Dios no se recibía a través de las obras o de los méritos personales(...)sino por la fe y su consecuencia lógica es que el justo vivirá por la fe.

 

LA CRUZ COMO SÍMBOLO DE VICTORIA

Muchas veces al pensar en victoria, lo hacemos en términos de competencia futbolística o deportiva, pensando en superar al contrario o eliminarlo del campeonato contrincante. Otras veces lo hacemos en términos militares, o sea en términos de batalla violenta, alegando que se obtiene la victoria matando al enemigo.

En Efesios leemos que nuestra batalla no es contra sangre y carne (Efesios 6:12), o sea no es contra personas. No apuntamos a matar, superar o eliminar a personas, sino a ganarlas, conquistarlas.
Leemos que lo que hay que matar son las enemistades (Efesios 2:16). De manera que la meta de nuestra lucha es la eliminación de las enemistades, o sea trabajar hacia la reconciliación con la persona, y de la persona con Dios y con su prójimo (Efesios 2:14-16).

Viéndolo así, la Victoria consiste en matar la enemistad y vencer todo aquello que rompe relaciones con Dios y con el prójimo y con uno mismo, liberando y siendo liberado a una vida en Paz con Dios y con sus prójimos, con uno mismo. La paz es el resultado de la reconciliación.

El método o táctica usada por Jesús en esta batalla no es la violencia, ni la muerte ni la eliminación del prójimo (Zacarías 4:6), sino es el camino de Jesús que puede pasar por la Cruz, el Espíritu de Cristo, creyendo en la resurrección a vida eterna. En lugar de hacerle pagar al otro, de matar al otro para liberarse uno mismo (Ezequiel 18:32), en lugar de eliminarlo al otro para poder seguir yo, el método usado por Jesús, o sea la Cruz, libera al otro, sufre por el otro si es necesario, hace un sacrificio para liberar al otro, y puede llegar a preferir morir en lugar de matar. La meta es poder unirnos contra todo aquello que destruye relaciones. De esa manera la Cruz de Jesús llegó a ser la inspiración y el símbolo de la batalla que apunta a transformar la enemistad en amistad, la venganza en reconciliación, el odio en amor. Como oró Francisco de Asis:

"Señor, haz de nosotros instrumentos de tu paz:
donde haya odio, pongamos amor,
donde haya ofensa, pongamos perdón,
donde haya discordia, pongamos unión,
donde haya error, pongamos verdad,
donde haya duda, pongamos la fe,
donde haya angustia, pongamos esperanza,
donde haya tinieblas, pongamos la luz,
donde haya tristeza, pongamos alegría.

Maestro, que no busquemos tanto ser consolados como consolar,
ser comprendidos como comprender, ser amados como en amar.

Porque dando se recibe, perdonando se es perdonado,
y muriendo se resucita a la vida eterna."


Así el símbolo del método por medio del cual se logra esa reconciliación, esa relación de amor es la Cruz.

En este sentido cada sacrificio que hacemos para liberar, para alcanzar una reconciliación, para amar y ayudar a que las relaciones se sanen, o para sanar una relación usa la Cruz como símbolo de victoria.

La victoria de la Cruz nunca colabora en relaciones de abusos, corrupciones, engaños, violencias, nunca usa a los demás para beneficio propio, porqie ama, toma iniciativa para amar.

Jesús usó y sigue usando ese método para conquistarte a ti. Ahora te invita a aprender su método para conquistar a tu prójimo (1 Juan 3:16, Efesios 5:2).

¿Puedes ver la victoria de la Cruz en la lucha de Jesús por ti?

¿Puedes ver la victoria de la Cruz en tu lucha por los que te rodean?

H.W.

   

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