Boletines de capellania

“Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran”

Romanos 12:15


Aprendiendo del ejemplo

Aprendiendo del ejemplo Muchas veces se dice que los niños aprenden principalmente del ejemplo, de lo que ven. Es tanto que harán lo que ven, aún cuando sea en contradicción con lo dicho.

Por eso alguien dijo: “No logro escuchar lo que dices, porque tus hechos hablan tan fuerte que no puedo escuchar tus palabras”.

Por eso no sólo acontece con los niños, a los adultos también les es muy difícil poner en práctica algo que se les enseña sin ejemplos.

Dios conoce este desafío humano, por eso Jesús vino a la tierra y vivió en plenitud lo que Dios ya le había hablado a su pueblo a través de los profetas y muchos otros desde tiempos antiguos.

El mandamiento del amor es: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primer y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (Mateo 22:37-39).

Esto es lo que vivió Jesús con la ayuda de Dios y haciéndolo pudo seguir fiel hasta el fin. Siguiendo a Jesús aprenderemos de Él y de su Ejemplo la manera de vivir este amor.

También aquí o especialmente aquí se cumple el principio: “Imitarás la manera de ser de aquellos a quienes admiras y mucho más la manera de ser de quienes adoras”.

Por eso si tu Dios, el Señor Jesús ama de tal manera que se entregó a sí mismo por ti (Efesios 5:2) para perdonarte, para darte otra oportunidad, entonces tú aprenderás a hacer lo mismo con los que amas, porque aprendes por imitación (Efesios 5:1, 1Corintios 11:1).

Siguiendo este pensamiento encontramos que Jesús amó aún a sus enemigos y torturadores pidiendo por ellos en la Cruz. Como discípulo de Jesús estarás aprendiendo a imitarlo aún en este tema del amor a los enemigos.

De manera que aprendemos más por imitación que por aplicación de una enseñanza y también otros aprenderán más de ti por imitación que por enseñanza, aunque la enseñanza ayuda, y especialmente ayuda a entender el por qué alguien actúa, piensa y habla de cierta manera.

Por eso busca modelos que te ayuden a imitar Jesús en tu vida. Imitando a Jesús y evaluando cada paso con el estudio de la Palabra de Dios, para volver a aplicar lo encontrado y volver a evaluar lo vivido con la Palabra de Dios, seguirás creciendo tanto en tu entendimiento como en la aplicación de lo aprendido.

La meta es que la imagen de Dios se pueda ver en tu vida (Romanos 8:29).

Como hemos visto, aprendemos más del ejemplo que de los discursos, aunque los discursos nos pueden ayudar a entender mejor los ejemplos.

El gran desfío es aprender de los buenos ejemplos de Fe y ser buen ejemplo de Fe para otros.

Nuestro ejemplo de Fe por excelencia es Jesús mismo.

H.W.

 

Nuestro Dios se da a conocer

Los niños chicos son transparentes, ellos comentan lo que ven. Preguntan lo que no entienden. Dicen lo que piensan. Esa paciencia e inocencia tiene su atractivo especial.

Nosotros, los mayores ya pronto les enseñamos a no decir todo lo que piensan y sienten, especialmente cuando hay extraños. Decimos que conocemos el peligro.

Así los niños de a poco dejan de compartir su parecer y experiencia y aprenden a hablar sólo de lo externo (tiempo, estudio, trabajo, fútbol, política, economía, doctrina).

Aprenden a esconderse detrás de un cargo, del rol del trabajo, del que siempre está demasiado ocupado, de una doctrina y finalmente los demás lo experimentan como ausente, como desconocido. Los demás no conocen su corazón.

Aunque físicamente estén cerca, emocionalmente están lejos, desconocidos. Siempre están bien. Nunca permiten que nadie conozca sus luchas y debilidades.

Dios no es así. Él habla con su gente, se da a conocer. Habló con Adán y Eva, con Noé, con Abram… Pero hizo aún más, vino en forma human y vivió treinta y tres años en este mundo y muchos quedaron encantados con Él en aquel entonces y hasta hoy, porque Él es cercano, se comunica, responde, capaz no siempre como uno desea, pero lo hace de la manera más sana. Lo puedes llegar a conocer, Él siente contigo. Jesús aún compartió con sus discípulos su angustia ante el sufrimiento de la Cruz.

El tema es que Dios quiere comunión con los seres humanos (1Corintios 1:9) y para eso es necesario abrirse, compartir alegrías, tristezas y luchas. Jesús lo hizo con sus discípulos (1Juan:1-3), y desea extender esta comunión a ti.

Es claro que al compartir nos hacemos vulnerables, pero es el camino hacia la comunión que tanto anhelamos. Algunos se aprovecharán de esa vulnerabilidad, algo que puede producir dolor y por eso hay que ir paso a paso en este camino y en la medida que se da la apertura y la confianza. Otros responden con sensibilidad y confianza, abriéndose también paso a paso. Cuando se dan esos momentos de comunión nos sentimos reconfortados, fortalecidos y sanados. Esto lo podemos practicar sobretodo con Dios mismo, quien nunca se aprovechará de tu vulnerabilidad. Y si se da la oportunidad de compartir con otro, hazlo paso a paso, como una invitación.

Jesús dio a conocer a sus discípulos y ellos aprendieron de Él: 1Juan 1:1-3: Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y oído, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdaderamente es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo.

En estos versículos se habla de la comunión y sólo unos versículos más adelante (1Juan 1:9) también se habla de la confesión. Una de las características de la confesión es abrirse, darse a conocer, reconocer la debilidad, la vulnerabilidad. Eso fue una realidad de Jesús, quien reconocía cuando estaba cansado, cuando necesitaba dormir, o necesitaba comer, aún cuando estaba angustiado. También Pablo decía que podía reconocer su debilidad:

- Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte. (2Corintios 12:10, vea también 2Corintios 4:7-11)

Cuando somos débiles, reconocemos el poder de Dios y Él es exaltado. Pablo recibió de Dios el siguiente mensaje 1Corintios 12:9:

Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.

Lo mismo dice la Biblia de Jesús: Porque aunque fue crucificado en debilidad, vive por el poder de Dios. Pues también nosotros somos débiles en él, pero viviremos con él por el poder de Dios para con vosotros (2Corintios 13:4).

Jesús se da a conocer y te invita a darte a conocer, porque el poder de Dios se perfecciona en nuestra debilidad. Darse a conocer es clave para tener comunión, pero tiene que darse de las 2 partes involucradas y en la medida en que las dos partes se abren.

Por ahora este tipo de experiencias no son tan comunes, pero al practicar conscientemente e intencionalmente la comunión con Jesús aprendemos más del tema.

Dios se da a conocer, Jesús se da a conocer. ¿ Y tú como su discípulo? ¿Qué vas a hacer?

¿Te darás a conocer a Dios para tener comunión con Él?

¿Aprenderás de Jesús para abrir puentes de comunicación con otros?

H.W.

 

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