Boletines de capellania

“Gozaos con los que se gozan, llorad con los que lloran”

Romanos 12:15


¿De qué amor estás hablando?

Imagínese: Un día Juan, que recién se recibió de médico, le dice a su padre, que va ir por un año con los "Médicos sin Frontera". El padre, que muchas veces había pensado en ir a un servicio así, le dice: "Mi hijo querido, estoy orgulloso de ti y de tu decisión de ir con los "Médicos sin Frontera", pero también se que puede ser una tarea muy peligrosa, no te quiero ver sufrir."

El hijo responde: "Papá, muchas veces hemos hablado de este tema y ha llegado el momento para actuar. Yo voy consciente de lo que significa, y voy porque siento el llamado para ayudar a esa gente tan desprotegida."

Entonces el padre le dice: "Mi hijo querido, Te voy a extrañar y si sufres, yo también voy a sufrir, pero ve con mi bendición y total apoyo. Haré todo lo que está en mi poder para ayudarte desde aquí. Se que es peligroso, pero es lo que hay que hacer. ¡Ve en paz y con mi total apoyo y bendición!

Antes de su salida Juan tuvo unos días en los cuales re evaluó su ida y tuvo luchas intensas. El padre lo abrazó y le reafirmó su apoyo y amor: “Tú vas a una zona difícil, capaz alguna vez la situación de violencia te haga sentir muy lejos, pero sabes, que siempre te daré todo el apoyo que pueda, confío en lo que vas a hacer y me siento orgulloso de ti.”

Juan se fue... Algo así es lo que Jesús hizo cuando vino a la tierra (Efesios 5:2), por amor a la situación humana y en acuerdo con el Padre.

Algo así también es como Dios envió a Jesús a la tierra (Juan 3:16), porque Jesús mismo quería venir. Dios le dio libertad de hacer aquello para lo cual se sentía llamado, y que era una tarea difícil y peligrosa, pero que los dos sabían que era necesaria. 

Este es el amor de un padre que suelta a su hijo ya maduro para cumplir con el llamado o cometido de su vida (Génesis 2:24, Efesios 5:31).

Esta es una de las facetas del amor que Dios nos quiere enseñar, porque dice en Efesios 5:2: “Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios en olor fragante.” Aquí dice que debemos practicar el mismo amor que mostró Jesús.

O como dice en 1Juan 3:16: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.” El amor del cual habla aquí es un amor activo, un amor que ve la necesidad y va y sirve aunque pueda significar sacrificios importantes.

Por otro lado nos habla del amor del Padre en Juan 3:16. Esto no es solo una linda declaración del amor de Dios, es el amor del Padre que suelta, bendice y empodera a su hijo para ir, porque lo ama y confía en él.

Esto es lo que muchas veces, a través de la historia ha pasado cuando un hijo le decía a sus padres: “Dios me ha llamado a ser misionero”, y se iba a alguna zona con dificultades de enfermedades y violencia. Los padres lo enviaban con su bendición, sabiendo que podría sufrir y muchas veces aun morir, pero tanto los padres como el hijo sabían lo que estaban haciendo y su mutua colaboración ha traído enorme bendición a millones de personas en el mundo. Sin duda los padres sufrieron al despedirse de su hijo a una tarea tan peligrosa, también el hijo sufría cuando lejos de sus padres le tocaba enfrentar grandes desafíos, enfermedad y a veces la muerte, pero estaban unidos en el emprendimiento.

Dios te ha dado un área de servicio al cual te ha llamado, ve y cumple con tu llamado, puede ser como un padre para empoderar a tu hijo u otra persona para una tarea importante, o puede ser ir tú mismo y llevarlo a cabo.

El amor que aprendemos de Dios es por un lado el amor que va, y ama, aun si esto significa un sacrificio y enfrentar peligro, y por el otro lado el amor que bendice, empodera, apoya y se siente orgulloso del que se va a una misión así. ¿Y Usted? ¿Cómo está expresando su amor?

HW

¿Soltar para recibir?

Todos, de una u otra manera somos confrontados a soltar cosas, y a veces somos obligados y forzados a soltar.

Una madre suelta a su bebé a una vida cada vez más independiente cuando este nace. Un bebé tiene que soltar el chupete. Los padres tienen que soltar a su hijo que se casa, o se va de la casa. Tenemos que soltar a un familiar que está en el lecho de la muerte.

Una u otra vez tenemos que soltar. A veces son cosas sin mayor importancia, que no afectan mucho, pero otras veces son cosas importantes, que se vuelven casi insoportable soltar. Sea pequeño o grande, soltar cuesta.

Así algunos guardan ropa sin usar para ver si algún día la van a volver a usar, les da lástima deshacerse de ellas, prefieren amontonarlas antes de darla, soltarla.

También esta esa mentalidad de juntar para cuando no haya. En ese caso el soltar les da miedo de tener que pasar por necesidad.

Nos cuesta soltar, pero es necesario soltar todo aquello que daña, porque los cambios para bien solo son posibles si se suelta lo dañino, lo viejo, la vieja vida, los viejos hábitos, las viejas posesiones, las viejas ideas y conceptos.

Es necesario soltar, especialmente todo aquello que no edifica, pero nos cuesta, es algo que hay que hacer siempre de nuevo, una y otra vez. Debe convertirse en un estilo de vida.

Y quien suelta no se vuelve más pobre, por el contrario tiene las manos libres para algo nuevo.

A veces sucede que no podemos imaginarnos nada mejor que aquello que conocemos, o aquello que tememos, nos da miedo soltar. A los monos se los atrapa con un frasco con nueces, ellos meten la mano, pero llena no pueden sacarla. Como no están dispuestos de soltar las nueces, quedan atrapados. Algo así nos puede suceder también a nosotros, seamos cautelosos de no quedar atrapados solo por no estar dispuestos a soltar.

Soltar no implica una actitud pasiva de nuestra parte, por el contrario, requiere todo de mi, porque soltar significa que yo suelto, no que me lo quitan. Poder soltar y dejarnos caer en los brazos del Señor requiere una confianza absoluta en Dios, requiere todo nuestro ser.

Un padre dominante y posesivo no suelta a su hijo, y es muy posible que lo pierde emocionalmente y muchas veces aun socialmente. Si lo suelta puede ser que lo recupere emocionalmente.

Soltar ante Dios no es un método para recibir algo que esperamos. No es: “Así tengo que hacer para recibir (la vida del familiar, la paz, el gozo...) No es negociar con Dios.

Cada soltar en la vida, pequeño o grande, es una preparación para el último gran soltar que nos espera a cada uno, soltar nuestra vida... Si practicamos el soltar en la vida, ese último soltarnos de la vida, ese soltar para adquirir la vida eterna será más facil.

Jesús mismo habló varias veces de la necesidad de soltar:

Mateo 16:25: porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.

Juan 12:25: El que ama su vida, la perderá; y el que odia su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.

¿Cuántas personas han perdido las oportunidades de la vida por tener miedo a soltar algo? Vale la pena apuntar a la vida eterna, aunque signifique soltar algo en el camino.

HW

 

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